Anna Karenina (2012) -Spanish

Hay tantos amores como corazones…

***

“NO PUEDE HABER PAZ PARA NOSOTROS, SOLO SUFRIMIENTO O LA MAYOR FELICIDAD”

Joe Wright asume una vez más los riesgos de llevar al cine un clásico literario tras el éxito de Orgullo y Prejuicio (2005) de Jane Austen −con cuyas escenas podemos ver semejanzas, pero mientras que todas desearían ser una Elizabeth Bennett, solo osarían a admirar de lejos el gran atractivo de una Anna Karenina−. Vuelve a contar con Matthew Macfayden, Keira Knightley y Dario Marianelli con quienes ya trabajó en Orgullo y Prejuicio y Expiación. Pero en esta ocasión quien se lleva los aplausos es Jude Law por una actuación sobria y sencilla, pero excepcional, clara y soberbia. Joe Wright se atreve esta vez con una nueva adaptación de Anna Karenina (1877), obra cumbre del Realismo  de la tinta del escritor ruso León Tolstoi quien se inspiró en la primogénita de Aleksander Pushkin para la creación de su protagonista.  La novela fue para los críticos un “romance de alta sociedad” y una “obra de arte” para Fiodor Dostoyevski y Vladimir Nabokov, quien destacó la “magia del estilo de Tolstoi”.

A excepción de algunas leves alternaciones en la línea narrativa y en las descripciones físicas, la versión cinematográfica de Joe Wright y el guionista Tom Stoppard, con magnífico reparto, ambientación, vestuario, decorado, composición y fotografía, intenta representar con gran fidelidad la obra original, impactando al espectador con el logro de una fuerza y simbolismo impresionantes en la imagen. A pesar de ello y del equilibrio que consigue mantener en el desarrollo paralelo de los protagonistas en sentidos diferentes, los personajes pierden toda la profundidad con la que Tolstoi les dota y no solo no transmiten sus emociones al espectador – amor, pasión, dolor, decepción, sufrimiento, locura, felicidad – sino que además no resultan del todo creíbles y crean un gran vacío  que contrasta con la carga de la perfección, belleza y lujo de la ambientación. A esto se le suma que, por un lado, está presente la crítica a la hipocresía de la sociedad de élite de la Rusia del siglo XIX reflejada con cierta exageración que cuadra atractivamente dentro del simbolismo mediante una escenografía teatral con algunos toques de musical cómico que recuerdan al espectador sobre la artificialidad y falsedad de lo que está viendo, no solo a nivel social como Tolstoi critica en su obra, sino también a nivel de construcción literaria y cinematográfica como bien expresaron los artistas del Posmodernismo. Pero, por otro lado, puede pasar desapercibida la idea esencial de Tolstoi acerca del abandono del lujo excesivo y la hipocresía de la sociedad para alcanzar la felicidad verdadera por el camino de la espiritualidad, el trabajo y una vida rural sencilla.  De ser enfocada esta idea con suficiente énfasis, se podría distinguir al verdadero protagonista de la obra: Lyovin, quien personifica y da vida a la ideología de un Tolstoi que ya ha dejado atrás al joven e inmaduro Tolstoi encarnado por Vronsky.

El amor representado en todas sus formas –maternal, espiritual, romántico, pasional, obediente, duradero y efímero− atrapa al espectador que sin duda se identificará con al menos una de ellas. Pero la mímesis británica no llega a penetrar la cultura, mentalidad e ideología rusas y deriva en un apreciable intento que, sin embargo, se queda muy corto. Además, la falta de profundidad y lirismo deja un vacío magno en la fuerza y brillantez estética de una película que pide a gritos madurar.

Tatevik Amiryan

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